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Ingesta oportuna de ácido fólico previo al embarazo reduce riesgos de espina bífida

Señala IMSS que el problema puede generar dificultades para caminar o mal control de esfínteres.

Foto: Cortesía
Sociedad 12/08/2019 15:04 Sergio Marín San Luis Potosí Actualizada 15:04

La ingesta oportuna de ácido fólico previo al embarazo reduce riesgos de espina bífida, la cual forma parte de los trastornos conocidos como defectos del tubo neural que se producen por el cierre defectuoso del mismo durante el periodo de gestación y la cuál reside en que uno o varios arcos vertebrales no han fusionado correctamente durante la gestación y la médula espinal queda sin protección ósea, señaló el IMSS en San Luis Potosí.

La pediatra y jefa del área de Neonatología del Hospital General de Zona Núm. 1, Rosa María Ruíz García, señaló que existen dos clasificaciones para este defecto, el primero y más común es la espina bífida abierta, la cual es perceptible al momento del nacimiento y se le denomina como “meningocele” la cual es una hernia o tumoración en la parte baja de la espalda cubierta por un saco el cual recubre las meninges y la médula espinal.

Dijo que en la espina bífida oculta, la malformación permanece debajo de la piel, aunque se puede percibir una zona de hiperpigmentación, es decir, un área zona aumentada en la coloración o puede haber cúmulos de pelo o mechones, en ambas situaciones se trata de una malformación congénita que ocurre cuando la columna vertebral del bebé no se forma correctamente, puntualizó la especialista del IMSS.

Agregó que es muy importante la ingesta del ácido fólico por lo menos seis meses antes de la planeación de un embarazo, ya que esta vitamina reduce la probabilidad de que se presente esta malformación congénita hasta en un 70 por ciento, expresó la médica del instituto.

“Cuando existe ya el antecedente de hijos con este padecimiento, se deberá de aumentar la dosis diaria, además del consumo en la ingesta de alimentos con alto contenido de ácido fólico como lo son las espinacas, el brócoli, lechuga, berros, rúgula, acelgas, aguacate, nuez y almendra, entre otros”.

Ruíz García señaló que cuando se encuentra ya diagnosticada esta malformación, un equipo multidisciplinario le da seguimiento al desarrollo del bebé y se le realizan diversos estudios neurológicos para determinar el grado de afectación y secuelas que este padecimiento podría generar, entre las secuelas que se pueden presentar se encuentra: no poder caminar, no tener el control de los esfínteres, lo que originaría infecciones constantemente en las vías urinarias.

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