La inteligencia artificial ya forma parte de la vida cotidiana de niñas, niños y adolescentes, pero su uso sin acompañamiento puede generar efectos negativos en su desarrollo, advirtió la psicóloga Regina Velázquez, docente de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí.
En entrevista para EL UNIVERSAL San Luis Potosí explicó desde su experiencia clínica y académica, que el principal reto no es la tecnología en sí, sino la forma en que se utiliza, especialmente en edades tempranas; y el uso sin supervisión ni regulación de la misma.
Desde su labor en el ámbito clínico y educativo, donde trabaja directamente con infancias y juventudes, la especialista explicó que la inteligencia artificial no debe verse como un riesgo en sí mismo, sino como una herramienta cuyo uso debe ser guiado.
“Es importante comprender que la inteligencia artificial ya está, ya no es algo del futuro. Es una herramienta, pero depende de cómo la estamos utilizando”, puntualizó.
Uno de los principales cambios que ha traído la inteligencia artificial es la forma en que las nuevas generaciones acceden al conocimiento.
Según explicó a diferencia de generaciones anteriores, que requerían más tiempo para investigar y llegar “más tarde” a la resolución de problemas, hoy las respuestas están disponibles en segundos.
“Les está dando respuestas muy rápidas a preguntas que antes tomaban más tiempo en resolverse, antes tardabas más en investigar y dar con la respuesta”, explicó.
Sin embargo, esta inmediatez también representa un riesgo si no se acompaña adecuadamente, ya que puede limitar el desarrollo del pensamiento crítico.
“Si se utiliza sin acompañamiento, puede provocar que lleguen a conclusiones sin cuestionarlas, sin analizarlas”, advirtió.
En ese sentido, señaló que el problema no es que los niños y adolescentes usen estas herramientas, sino que lo hagan sin filtros, sin guía y sin procesos de reflexión.
Además mencionó que los adultos juegan un papel importante pues estos deben de cuestionar a los menores de cómo llegaron a la resolución de problemas para entender si de verdad investigaron o fue producto de la inteligencia artificial.
“El problema es que los adultos o maestros no les cuestionan cómo llegan a resolver los problemas, ni siquiera se cuestionan de dónde llega la información”, mencionó.
La nueva realidad de las Infancias: el juego desplazado por las pantallas
Velázquez destacó que uno de los efectos más visibles se presenta en las primeras etapas de desarrollo, donde el uso excesivo de tecnología está desplazando actividades fundamentales como el juego.
“Estamos viendo un nuevo fenómeno que a los niños pequeños les estamos enseñando a jugar, porque llegan y no saben cómo hacerlo”, comentó.
Explicó que, antes de los seis años, el uso de dispositivos debe ser mínimo y siempre supervisado, ya que el desarrollo cognitivo y emocional depende en gran medida de la interdepeacción directa con el entorno.
“Aprenden a través del contacto, de la socialización, de estar cara a cara con otras personas, no a través de pantallas”, indicó.
El uso temprano y sin control de tecnología, añadió, puede afectar habilidades básicas como la atención, la creatividad y la interacción social.
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Adolescencia: entre la dependencia de la IA y sensación de falsa compañía
En el caso de adolescentes, el fenómeno adquiere otra dimensión. La especialista advirtió que existe un riesgo creciente de generar dependencia hacia la inteligencia artificial, no solo como herramienta académica, sino como sustituto de interacción social.
“Hay adolescentes que ya tienen conversaciones con chats porque se sienten solos, todo esto deriva de muchos problemas es algo sistematizado”, señaló.
Este tipo de interacción, explicó, puede resultar cómoda porque elimina la complejidad de las relaciones humanas, como el conflicto, la frustración o el desacuerdo.
“Platicar con alguien que siempre te da la razón no te confronta, no te hace cuestionar, y eso limita el pensamiento crítico”, afirmó.
Además, relacionó este comportamiento con los efectos sociales que dejó la pandemia, donde el aislamiento aceleró el uso de tecnología como principal medio de interacción.
“Se volvió más fácil interactuar desde una pantalla que cara a cara, y eso sigue teniendo consecuencias”, agregó.
Otro de los impactos detectados es la transformación en los hábitos de estudio. La especialista explicó que muchos estudiantes recurren a la inteligencia artificial para simplificar tareas, lo que puede afectar su proceso de aprendizaje.
“Puede generar dependencia ya no querer pensar, porque es más fácil pedir que te resuman un tema”, indicó.
Asimismo, advirtió sobre la disminución en la capacidad de concentración, fenómeno que también se relaciona con el consumo constante de contenidos digitales de corta duración.
“Cada vez es más difícil sostener la atención, incluso en actividades que antes eran comunes, como ver una película completa”, explicó.
Velázquez también alertó sobre los riesgos del uso sin supervisión, especialmente cuando los menores acceden a información sensible o desarrollan sesgos sin cuestionarlos.
Explicó que la inteligencia artificial puede reforzar ideas previas del usuario, lo que limita la posibilidad de construir pensamiento crítico.
“Te da respuestas con base en lo que tú mismo estás buscando o pensando, entonces puede reforzar sesgos”, señaló.
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Esto cobra especial relevancia en temas delicados, donde los menores podrían acceder a información sin el contexto adecuado.
Para la especialista, uno de los principales retos está en las generaciones adultas, quienes deben asumir un papel activo en la guía del uso de estas herramientas.
“Si las personas adultas no sabemos usarla, no vamos a poder enseñar a utilizarla de manera crítica”, advirtió.
En ese sentido, consideró fundamental que madres, padres y docentes se formen en el uso de la tecnología, en lugar de rechazarla.
“Resistirnos al cambio es lo que puede generar más problemas”, afirmó.
Finalmente, la psicóloga compartió una serie de recomendaciones para fomentar un uso saludable de la inteligencia artificial y la tecnología en general:
• Establecer límites claros y acordes a la edad
• Supervisar el contenido y las plataformas que utilizan
• Fomentar espacios de convivencia sin tecnología
• Promover actividades que desarrollen el pensamiento crítico
• Evitar el uso de pantallas antes de dormir
• No sustituir la interacción humana por herramientas digitales
Además, hizo énfasis en la importancia de recuperar espacios de convivencia familiar.
“Es fundamental que haya momentos sin tecnología, donde podamos interactuar cara a cara”, señaló.
Tecnología sí… pero con acompañamiento
Velázquez concluyó que la inteligencia artificial no debe ser vista como un enemigo, sino como una herramienta que, bien utilizada, puede ser de gran apoyo en el aprendizaje.
No obstante, insistió en que su uso debe estar siempre acompañado de procesos educativos y de orientación.
“No va a sustituir jamás el esfuerzo ni los vínculos humanos”, concluyó.
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