16 / agosto / 2022 | 21:01 hrs.

“¿Dónde están los vigilantes”, cuestionan a la seguridad del Museo Nacional de Antropología tras besos de artista a piezas prehispánicas

El antropólogo Bolfy Cottom cuestiona el actuar del Museo Nacional de Antropología, tras darse a conocer que el artista Pepx Romero besó y lamió piezas prehispánicas del recinto más importante del país

Artista exhibe nula seguridad en el Museo de Antropología.
Artista exhibe nula seguridad en el Museo de Antropología. Foto: Especial.
Tendencias 06/04/2022 08:39 Antonio Díaz Actualizada 14:35

Luego de que se diera a conocer el video del artista Pepx Romero besó y lamió al menos cuatro piezas prehispánicas que se encuentran bajo el resguardo del Museo Nacional de Antropología, surgieron diferentes críticas para el artista, pero no fue el único, pues surgió la pregunta: “¿Dónde están los vigilantes”, pues se trata del museo más importante del país. 

En redes sociales se dio a conocer que Romero estuvo en el MNA para besar y lamer diferentes objetos prehispánicos, entre ellos, El Luchador, escultura de la cultura olmeca. 

“El artista fue al Museo Nacional de Antropología en CDMX, besó y lamió algunas piezas de su colección. Por supuesto que esto coloca a las espectadoras en una posición incómoda, están presenciando un aparente daño (habrá que discutir qué tanto afecta la saliva a la piedra) a ‘nuestro patrimonio’. A diferencia de las subastas de Drouot de piezas prehispánicas que son realizadas casi sin la indignación generalizada de la audiencia”, se lee en una publicación que promocionó el performance de Romero. 

La publicación difundida a través de Instagram desde la cuenta “Obrasdeartecomentadas” está acompañada de un video en el que se ve al artista vestido con saco amarillo y lentes oscuros, caminó por el MNA, se acercó a las piezas expuestas para besarlas y lamerlas. 

Al respecto, Bolfy Cottom, antropólogo y exsecretario Técnico del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) —institución de la que depende el MNA—, señaló: “Me preocupa la ligereza de actuación de las autoridades del museo. ¿Dónde están los vigilantes?, ¿dónde están los custodios? Habría que prever responsabilidades que pudieran configurarse y no estar permitiendo que esto suceda. No porque esto sea un purismo, sino que tienen que preverse las posibilidades de un daño que se pueda generar con relación a estos bienes. La circunstancia es bastante deplorable, las instituciones pareciera ser que se relajan tanto que es permisible cualquier ocurrencia, cualquier responsabilidad en un acto aparentemente artístico —que no cuestiono eso, cada quien su imaginación y creatividad—, pero si son bienes de uso común, hay límites en relación con ellos”. 

Frente a estos hechos, el área de Comunicación del INAH dijo que “nunca hubo solicitud y de ninguna manera se dio una autorización (para el performance). Se están revisando los sistemas de seguridad del museo para determinar cuándo fue realizada la grabación, si hubo contacto directo con las piezas y determinar las acciones a seguir”, esto a pesar de las imágenes en las que el artista pasa su lengua directamente  en las piezas arqueológicas. 

“Se está revisando cada mecanismo de seguridad para determinar si en efecto hubo contacto con las piezas o no, puesto que se aprecia en algunas tomas el contacto con vitrinas, lo que se determinará de manera precisa”, insistió el área de comunicación del INAH. 

Sin embargo, las piezas que besó y lamió Pepx Romero están catalogadas como bienes muebles en el INAH y por lo mismo están protegidas por la Ley Federal sobre Monumentos y Zonas Arqueológicos, Artísticos e Históricos. 

¿En esta Ley se contempla alguna acción como la de Romero?, se le cuestionó a Cottom: “Toda ley son disposiciones generales, abstractas e impersonales que establecen criterios generales. Se tendría que saber qué se le ocurre a cada quien. En realidad el capítulo sexto establece posibles conductas que puedan configurar un daño, en ese sentido ni la ley, ni su reglamento u otra circular considera este tipo de cuestiones. Lo que sí considera es que cuando se altere o dañe un monumento se impondrán de tres a 10 años de prisión, pero esto requiere una querella. Se tendría que investigar si se generó algún daño”. 

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