La mitad de las regiones aptas para la producción de vino se echarán a perder a causa del cambio climático pero no todo está perdido: si los vinicultores sustituyen las uvas por variantes más preparadas frente a la sequía y el calor, podrían salvar sus cosechas y la producción de vino mundial.
Esta es la principal conclusión de un estudio internacional publicado en la revista PNAS y que ha sido liderado por investigadores de la Universidad de Columbia Británica (UBC).
"Sustituir la garnacha o el cabernet sauvignon por el pinot noir o plantar trebbiano en el lugar del riesling, no son cambios fáciles, pero pueden facilitar la adaptación de los viticultores a las circunstancias del cambio climatico", dice la autora principal del estudio Elizabeth Wolkovich, profesora de ciencias forestales y de la conservación en la UBC y experta en estrategias de resistencia para los ecosistemas agrícolas y forestales.
Las uvas de vino son extremadamente sensibles al clima, especialmente a la temperatura. Estudios previos realizados por el equipo de investigación de Wolkovich demostraron que si la temperatura global sube un promedio de dos grados centígrados -en línea con las tendencias actuales-, al menos el 51% de las actuales regiones vitininícolas podría desaparecer.
Sin embargo, el estudio actual sostiene que los viticultores podrían reducir a la mitad (al 24%) las áreas perdidas por el aumento de las temperaturas.
Por ejemplo, "en Borgoña, Francia, los vinicultores pueden considerar la posibilidad de plantar variedades más tolerantes al calor, como Syrah y Grenache, para reemplazar el Pinot Noir dominante, en tanto que los viticultores de regiones como Burdeos podrían cambiar el Cabernet Sauvignon y el Merlot por el Mourvedre", señala Wolkovich.
El estudio advierte, no obstante, de que la diversificación tendrá menos impacto si las temperaturas suben más de dos grados.
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"Si suben cuatro grados, alrededor del 77 por ciento de todas las áreas pueden perderse, y la plantación de nuevas variedades limitará esto a un 58 por ciento de pérdidas", puntualiza Ignacio Morales Castilla, autor principal del estudio y ex investigador postdoctoral en el laboratorio de Wolkovich, ahora en la Universidad de Alcalá (Madrid).
Las regiones vitivinícolas pueden adaptarse a un menor nivel de calentamiento, "pero a un mayor calentamiento será mucho más difícil salvar regiones", advierte el investigador español.
El estudio detalla dónde se pueden cultivar las variedades que en el futuro pueden salvar la producción vinícola.
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Sin embargo, también advierte de que el éxito de esta estrategia dependerá de muchos factores, legales y culturales.
"Los consumidores que están dispuestos a probar nuevas variedades pueden desempeñar un papel importante en la salvación de las regiones que la gente ama, y la legislación puede animar a los viticultores a probar nuevas variedades.
En última instancia, la gente puede tener el mayor impacto a través del trabajo para reducir las emisiones a nivel mundial", dice Wolkovic
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