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Cuando 20 mil soldados trasladaron los restos de los héroes de la Independencia al Ángel

En septiembre de 1925, 20 mil soldados y 50 coronas de flores acompañaron el trayecto de los restos de la Catedral al monumento donde se posa el Ángel de la Independencia
Foto: Archivo
03/11/2019
04:51
El Universal
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La Columna de la Independencia es uno de los mausoleos más importantes de México en el que se resguardan los restos de los héroes que lucharon por la Independencia.

El trabajo de construcción estuvo a cargo del arquitecto mexicano Antonio Rivas Mercado y fue inaugurado ocho años después de haber colocado la primera piedra por el presidente en turno, Porfirio Díaz, el 16 de septiembre de 1910 para conmemorar el Centenario de la Lucha Independiente.

En 1923 la columna tuvo modificaciones en su interior para albergar los nichos que resguardarían las urnas con los restos de Leona Vicario, Miguel Hidalgo y Costilla, Ignacio Allende, entre otros.

EL UNIVERSAL cubrió así el traslado de los restos desde la Catedral Metropolitana de la CDMX en septiembre de 1925:

La traslación de los restos de los restos de los héroes fue brillantisimo el desfile militar de ayer

Jueves 17 de septiembre de 1925

Imponente ceremonia se efectuó en la Columna de la Independencia
La Catedral silenciosa

La Iglesia Catedral no se vistió de gala ni de luto para despedir el precioso tesoro que guardó desde el pretérito 1823 como un depósito que le hizo la Patria. No presentaba, en el templo máximo ayer, el magníficen aspecto de sus días dorados del ciclo eucarístico. Estaba sola; sus altares desmantelados y sólo el padre sacristán, permanecía en un sitio, como vigilante celoso de sus guardados.

Sólo frente a la capilla de San José, donde estuvieron las urnas desde el año de 1895, encerradas en sus cajas de cristales y madera, (los restos están colocados en la más admirable y fraternal confusión) había un compacto grupo de personas (...)

Como quedaron los restos

Los restos quedaron colocados de la siguiente manera: En la Urna de cristal que corona un águila nacional, fueron depositados cuatro cráneos, a saber: Miguel Hidalgo y Costilla. Padre de la Patria; Generalísimo Ignacio Allende Generalísimo Ignacio Aldama.
Los cráneos descansan en el interior de la urna (...)

Los demás huesos fueron colocados en las urnas siguientes: el cráneo atribuido a don José María Morelos, pero que debe ser de don Francisco Xavier Mina o de don Pedro Moreno; restos de don Mariano Matamoros; restos del consumador de la Independencia, don Vicente Guerrero; restos de don Andrés Quintana Roo; restos de doña Leona Vicario, restos de don Nicolás Bravo.

Todo el pueblo, todas las clases sociales que vieron pasar el cortejo complementaron el espectáculo brillante, con su actitud respetuosa. Y de los balcones, henchidos de mujeres, en su mayoría arrojaban flores naturales sobre las urnas negras severas, abrillantadas por la luz del sol magnífico de la hora.

Había en aquellos militares de caras el semblante de unción, el respeto, de la gratitud y del amor a nuestros santos libertadores.

Al paso del cortejo frente a las tropas que se hallaban tendidas en línea desplegada desde la Plaza de la Reforma recibían los más altos honores de la Ordenanza y los abanderados abatían sus estandartes como un saludo.

Una hora justa duró la marcha del cortejo, desde la Catedral hasta la Columna de la Independencia. A la llegada, otra batería emplazada sobre los campos inmediatos hizo nueva salva de veintiún disparos.

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Da clic aquí para ver los documentos con mejor resolución.

 

En la columna de la Independencia 

No es ya la gallarda Columna de la Independencia el monumento simbólico que la gratitud de la Nación levantó en el bello Paseo de la Reforma para glorificar la memoria de nuestros héroes de la Independencia; no es ya simbólico, porque desde ayer es altar; altar sagrado donde reposan las cenizas de aquellos hombres esforzados que nos dieron nacionalidad y ejemplo para saber cómo se debe morir cuando se quiere ser independiente.

El amplio ademán de paz y de victoria que el dorado ángel de la Columna extiende sobre la inmensidad de la tierra, como queriendo abarcar en él a todos los hombres, para de ellos recibir todo lo bueno y dejarlo en la corona de laurel y que pretende colocar sobre las esculturas de los inmortales que abajo forman histórico conjunto, es desde ayer más elocuente, porque parece que en esa su actitud está plasmado el anhelo nacional de cobijar bajo un mismo amor patriótico a los que pelearon por la libertad.

Bien han quedado los restos de los Héroes nacionales, Hidalgo, Morelos, Allende, Aldama, Jiménez, Guerrero, Victoria, Bravo, Matamoros, Quintana Roo y doña Leona Vicario, en la cripta soberbia de la Columna de la Independencia, porque es el sitio que les correspondía: porque así México tendrá ya otro sitio de más histórico y sagrado y un altar más donde elevar preces a la patria.

¿Cuándo habrá, para mayor gloria y justo pago a nuestra deuda de gratitud, una lámpara votiva que, como la del Arco del Triunfo, arda perennemente ante las cenizas de los héroes, testimoniándoles recuerdo y eterna gratitud”.

Pero mientras el fuego patrio se enciende en ese altar, desde ayer por la mañana el soberbio y majestuoso monumento a los Héroes de la Independencia guarda ya las cenizas de ellos que habían descansado por muchos años en diferentes lugares y que ahora ya no saldrán de allí, porque allí está su descanso eterno.

En la ceremonia cívica que ayer se efectuó con motivo de la traslación de los restos a la Columna de la Independencia, no hubo la explosión patriótica que se traduce en cantos de victoria y en aleluyas de júbilo (..)

A la vista de las urnas donde se guardan las cenizas sagradas, el pueblo de México enmudeció y reverentemente inclinó la cabeza. En el humildero de las almas los espíritus se recogieron embargados de emoción y si no hubo quien hincara, la rodilla al paso del cortejo, fue porque a los héroes y a los bravos, se les rinde el postrer tributo de pie porque altos están llenos; con la música del Himno de la Patria y con el imponente tronar de los cañones.

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El bello Paseo de la Reforma. Foto: Especial 

 

Postrer ofrenda 

El señor general Calles, antes de colocar la urna que contiene los restos del cura Hidalgo en el lugar que le correspondía, levantó la tapa de la misma y depositó en su interior su tarjeta, estampando en ella la firma presidencial, la fecha y la hora de depósito de aquella reliquia.

Después, las criptas fueron cerradas con las placas de bronce que perpetúan el homenaje, y sobre ellas se colocaron dos hermosas coronas de oro: una correspondió al señor Presidente de la República y la otra al H. Cuerpo Diplomático acreditado ante el Gobierno de México. Ambas coronas ostentaban lazos tricolores en que se leía: “El Presidente de los Estados Unidos Mexicanos, a los Héroes de la Independencia”. “El Cuerpo Diplomático acreditado ante el Gobierno de los Estados Unidos Mexicanos a los Héroes de su Independencia”.

Las cintas que ataban estas coronas fueron depositadas dentro de las hornacinas y las coronas simbólicas colocadas sobre las placas que las cierran, por el Decano del Cuerpo Diplomático, que encabezaba las representaciones extranjeras que asistieron al acto, acompañadas por los agregados militares.

Terminado este acto, fueron colocadas en la cripta multitud de ofrendas florales enviadas a los héroes por la gratitud nacional. Poco más de cincuenta coronas cubrieron materialmente el lugar, alzándose con ellas el postrer tributo la última ofrenda que el patriotismo coloca en esta vez, para renovarla en cada ocasión en que haya de solemnizarse y evocarse su memoria.

Inmediatamente después de todo esto, el señor Presidente de la República tomó asiento en el estrado oficial para escuchar el discurso que habría de pronunciar el licenciado Vicente Lombardo Toledano, y que fue sustituido por el senador licenciado Juan de Dios Robledo, quien en una extensa pieza oratoria pagó tributo a la memoria de los héroes, dejando puntualizada la trascendencia y alto significado del acto que acababa de verificarse.

Sentimos carecer de espacio y de privarnos, por esto, de consignar el discurso del señor senador Robledo que fue largamente ovacionado al terminar su brillante pieza oratoria. Concluido esto, abandonó la columna el Presidente de la República, siendo despedido con los honores de ordenanza.

La comitiva partió para el Palacio Nacional para estar a tiempo de presenciar el desfile, y las tropas comenzaron a organizarse en columna, invadiendo el pueblo la columna para ver de cerca las criptas donde reposan los héroes.

Por disposición superior se abrió la puerta que da acceso a la columna, y el pueblo estuvo visitando el lugar, descubriéndose reverente en presencia de las placas de bronce que cierran las hornacinas.
 

Veinte mil hombres desfilaron

Jueves 17 de septiembre de 1925
Crónica de Jacobo Dalevuelta

Casi desde que me inicié en mi noble profesión tuvo que tratar con soldados ya en el servicio de guarnición o ya en el de campaña y nunca —ni en el desfile militar internacional de 1910— recuerdo haber visto tropas tan bien organizadas, como las que ayer —con un efectivo aproximado de veinte mil hombres— desfilaron bizarramente en la División Mixta, que la Secretaría de Guerra Marina puso al mando del general de División don Eugenio Martínez.

Yo creo que la opinión general que puede darse del brillante paseo militar se sintetiza en muy pocas palabras por nuestras alfaltadas avenidas pasearon triunfalmente, veinte mil soldados vigorosos, marciales preparados como una demostración irrecusable de la existencia de un ejército serio y organizado.

El general Amaro, ministro de la guerra, debe estar satisfecho. Fue para muchos ayer una revelación de su competencia militar y para otros una confirmación del concepto que ya teníamos de él, desde que le vimos infatigable y con resistencia de hombre de acero (...).

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