El 9 de enero de 1993, Jean-Claude Romand mató a su mujer, a sus hijos, a sus padres e intentó, sin éxito, darse muerte. La investigación tras el crimen reveló que Romand no era médico, como había asegurado a lo largo de toda su vida. Había mentido durante años a todo su entorno y ante el miedo de ser descubierto, mató a todos aquellos cuya mirada no hubiera podido soportar al revelarse la verdad.
Años más tarde, en la novela "El adversario" (1999), Emmanuel Carrère indagó más a fondo en la mentalidad de este personaje. El autor francés retrata, por ejemplo, las largas horas en que Romand, a ojos de su familia, estaba trabajando en la Organización Mundial de la Salud, pero en realidad se la pasaba dando vueltas en un bosque o escondido en estacionamientos.
Ahora, con 64 años de edad y tras haber cumplido 22 años de condena, Romand pide la libertad y podría obtenerla. Según informa la radio France Bleu, los exámenes psiquiátricos han establecido que la liberación del hombre no sería problemática y que incluso está avanzado en el proyecto de reinserción laboral. Si los jueces aceptan la petición, podría ser liberado a fines de septiembre.
Romand dijo que sintió un gran alivio al confesar sus mentiras: "Soy asesino, tengo la imagen más baja que pueda existir en la sociedad, pero todo esto es más fácil de soportar que los 20 años de mentira de antes". En tanto, Carrère, quien se relacionó con el asesino para desarrollar su novela, escribió: "Una mentira normalmente sirve para tapar una verdad, algo quizás vergonzoso, pero real. La suya no tapaba nada. Bajo el falso doctor Romand no había un verdadero Jean-Claude Romand", se lee en "El adversario".
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