Y todo estalló cuando apareció Ronaldinho. El astro brasileño fue quien le puso la sal y la pimienta a la ceremonia de clausura de la Copa del Mundo de Rusia.
Sí, Will Smith y Nicky Jam habían movido a la gente que llenó el Luzhniki; sí, la soprano Era Istrefi, nacida en Yugoslavia pero de nacionalidad albanesa puso el toque local, pero cuando el brasileño hizo acto de presencia tocando los bongoes con su inseparable y característica sonrisa todo fue la locura, porque al final de cuentas en el futbol, el futbol es el que manda, ni rap, ni ópera... Todo se mueve al ritmo del balón.
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