El balance del 2025 para la industria restaurantera, estuvo lejos de ser positivo, así lo reconoció Alejandro Espinosa Abaroa, presidente de la Cámara Nacional de la Industria de Restaurantes y Alimentos Condimentados (Canirac).

El líder empresarial señaló que el año cerró con resultados desfavorables, reflejados en una disminución de ventas y en el cierre de numerosos establecimientos.

De acuerdo con el dirigente empresarial, el panorama fue especialmente crítico en algunas entidades.

Puso como ejemplo a Tabasco, donde se reportó el cierre de más de 200 restaurantes, situación que se explica, en gran medida, por la caída de la actividad petrolera, de la cual depende buena parte de la economía local.

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Esta contracción, dijo, no solo impactó al sector restaurantero, sino también al comercio y a la hotelería, que atraviesan un periodo de baja actividad.

En el caso de San Luis Potosí, Espinosa Abaroa detalló que los afiliados a Canirac reportaron una disminución en sus ingresos de entre 10 y 20 por ciento durante el año.

Si bien diciembre fue mejor que los meses previos y permitió cerrar el año con un ligero alivio, el resultado final quedó por debajo de lo registrado en temporadas decembrinas de años anteriores.

Las perspectivas para el inicio de este año no son alentadoras.

El líder empresarial advirtió que la industria enfrenta un entorno de alta incertidumbre, principalmente por los incrementos aplicados a finales del año pasado, como el aumento a los refrescos y bebidas azucaradas, así como el alza en el salario mínimo y en las cuotas de seguridad social.

A esto se suma la presión inflacionaria.

Aunque reconoció la importancia de los ajustes salariales, Espinosa Abaroa subrayó que, en muchos casos, la inflación ha avanzado a un ritmo mayor, lo que ha reducido de forma significativa los márgenes de ganancia de los restaurantes.

El encarecimiento constante de la canasta básica ha sido otro factor determinante que ha llevado a varios negocios a bajar la cortina.

Sobre el impacto que estos incrementos podrían tener en los precios al consumidor, el presidente de la Canirac fue cauteloso.

Señaló que trasladar los costos al cliente final resulta cada vez más complicado, ya que muchas personas han reducido sus visitas a restaurantes debido a los precios.

Un nuevo ajuste, advirtió, podría alejar aún más a los comensales.

Ante este escenario, Espinosa Abaroa anticipó un año complejo para la industria restaurantera, que deberá modificar estrategias y reinventarse para mantenerse a flote.

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Si bien se prevé la llegada de algunas nuevas inversiones y aperturas, aclaró que el sector no está creciendo de manera real, pues por cada restaurante que abre, otro podría estar cerrando.

En el ámbito local, el dirigente confió en que exista mayor dinamismo económico que permita reactivar el consumo y atraer clientes a los restaurantes.

Sin embargo, reconoció que el comportamiento del sector dependerá en gran medida del entorno económico general y de la capacidad de adaptación de los negocios.

Así, la industria restaurantera inicia el año entre la cautela y la resistencia, con el reto de sortear mayores costos, consumidores más prudentes y un mercado que exige cambios profundos para poder seguir en pie.

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