La presa de San José, un lugar emblemático y querido por la comunidad potosina, sigue cerrada después de seis meses debido al desprendimiento de rocas que puso en riesgo la seguridad de los visitantes y comerciantes de la zona.

La noticia ha generado tristeza en muchos, que recuerdan con cariño los domingos de ir a disfrutar de las famosas gorditas de San José o de correr y entrenar con amigos en ese lugar tan especial.

La presa durante décadas se convirtió en un símbolo de la comunidad y de la tradición dominical gracias a su imponente arquitectura que brindaba panorámicas únicas y también tiempo de recreación, pues en la explanada principal familias acudían cada domingo a paseos en bicicleta, patines, también a realizar rapel en la cortina y senderismo en los alrededores.

Foto: Nancy Lizet Hernández
Foto: Nancy Lizet Hernández

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Otra de las actividades más recordadas y que ahora se mantiene restringida, es la de resbaladillas sobre pavimento, donde chicos y grandes con cajas y botellas de plástico se deslizaban por horas.

Ahora, ese lugar tan querido está cerrado, y la comunidad se siente huérfana. La melancolía es palpable, y muchos se preguntan si algún día podrán regresar a disfrutar de ese lugar tan especial.

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En el silencio de la ausencia, solo quedan recuerdos de un pasado vibrante. La nostalgia envuelve el espacio que una vez fue testigo de risas, reuniones y tradiciones.

Aunque no hay un plan concreto para revivir este lugar emblemático, la intención de reubicar a los comerciantes es un rayo de esperanza para un nuevo comienzo.

Foto: Nancy Lizet Hernández
Foto: Nancy Lizet Hernández

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Mientras tanto, vendedores y visitantes se mantienen a la expectativa de que el proyecto de revivir y rehabilitar este espacio no quede en el olvido como ha ocurrido también con el mantenimiento del sitio y el retiro de la plaga de lirio que acecha al cuerpo de agua desde hace años.

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