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Durante la tarde y noche del Jueves Santo, cientos de personas recorren las calles de San Luis Potosí para cumplir con una de las tradiciones más arraigadas y esperadas de la Semana Santa: la Visita de los Siete Altares.
Entre luces tenues, templos abiertos y velas encendidas, hay una costumbre que llama la atención de propios y extraños: en algunos de estos altares, se regala o se vende pan, monedas y manzanilla.
Pero, ¿qué significan estos elementos? ¿Por qué se adquieren justo durante esta jornada de reflexión?
De acuerdo con cronistas locales y fieles que participan cada año, estos tres símbolos tienen raíces tanto religiosas como populares, y cada uno guarda una intención muy específica.
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El pan: el cuerpo y la providencia
El pan que se regala o se vende a un precio simbólico en los altares tiene un doble significado, por un lado, recuerda la Última Cena, donde Jesús parte el pan con sus discípulos como símbolo de su cuerpo. Por otro lado, representa la abundancia y el deseo de que no falte el alimento en el hogar.
Muchos creyentes llevan este pan de vuelta a casa y lo conservan unos días, o lo comparten en familia con la creencia de que traerá bendiciones y sustento.

La moneda: prosperidad y protección
Otro elemento que se entrega es una pequeña moneda, a veces nueva, otras veces acompañada de una estampa o listón.
Esta se considera un símbolo de prosperidad económica y protección ante la escasez.
Se guarda en la cartera, en un rincón de la casa o junto a una imagen religiosa, con la esperanza de que durante el año no falte el dinero ni las oportunidades.
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La manzanilla: salud y sanación
Finalmente, la manzanilla, que a menudo se da en ramitos secos, representa la salud y el bienestar del cuerpo y del alma.
Esta planta, es reconocida por sus propiedades medicinales y se asocia con la purificación y la armonía.
Hay quienes la colocan en el altar familiar, otros la usan para preparar una infusión en momentos de enfermedad, o simplemente la conservan como un amuleto natural.
Esta práctica no es oficial ni obligatoria, sino una costumbre que ha sido mantenida viva por familias, grupos parroquiales o comerciantes devotos que, movidos por la fe, deciden compartir algo con quienes hacen la visita.
En algunos templos del centro potosino, como San Francisco, San Agustín o El Carmen, es posible encontrar estos regalos discretamente colocados en una canasta o entregados por manos generosas.
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