Conocida también como “guanabana cimarrona” o “fruta del diablo” en algunas partes del mundo, en noni es una fruta exótica poco conocida que se da en la Huasteca potosina y que es muy especial.
El noni es una planta originaria del sureste de Asia y Australia. Es de color verde amarillento, sabor intenso y del tamaño similar a una papa, con peculiar aroma penetrante a queso maduro. Pero además de sus características sensoriales ¿que la hacen tan especial?
No por nada esta extraña planta es conocida como “la fruta milagrosa”, pues, se dice que el noni aumenta las defensas del cuerpo, ayuda a la regeneración celular y a incrementar las defensas; además ayuda a aliviar el dolor, aporta energía y mejora la calidad del sueño.
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De acuerdo con expertos, esta planta contiene más de 150 componentes fito-químicos que son los responsables de sus propiedades curativas. Sin embargo, no hay pruebas científicas que lo confirmen.
Desde tiempos de antaño se ha empleado para tratar úlceras, problemas de reumatismo, lombrices, curar la tos, la artritis, erradicar la caída del cabello, como un cicatrizante, entre otras afecciones de salud.
El noni puede presentarse en forma de un arbusto o crecer y convertirse en grandes árboles, llegando alcanzar dimensiones de tres hasta 10 metros de altura.
Al ser una zona de clima cálido-húmedo, la Huasteca potosina es privilegiada al tener las condiciones climáticas para el crecimiento de esta planta “milagrosa”.
Su origen se remonta a las poblaciones del sureste de Asia y se trasladó a las islas del Pacífico con las migraciones.
De acuerdo con una investigación compartida por Juan Gonzalo Ángel, en el canal TV Agro, la llegada del noni al continente americano se remonta a 1793 durante una expedición de los colonizadores ingleses, quienes trajeron consigo la fruta desde Tahití, ya conocida entonces por sus propiedades medicinales para diversas dolencias y problemas de salud.