Antes de que los anaqueles se llenaran de decenas de marcas de leche, en muchos hogares potosinos había una que era parte habitual del desayuno: la leche San Luis.
Su recuerdo permanece especialmente entre quienes vivieron su infancia y juventud durante las décadas de los setenta y ochenta, cuando los repartidores recorrían las calles de la ciudad llevando las tradicionales botellas de vidrio hasta las casas.
Para quienes la consumieron, aquel producto tenía un sello particular. El sabor, la textura y la frescura son algunos de los aspectos que más recuerdan quienes todavía hablan de ella, convencidos de que era diferente a la leche que actualmente se encuentra en las tiendas.
La característica imagen de una vaquita sobre una caja roja terminó convirtiéndose en parte del paisaje y de la identidad cotidiana de aquella época.
La historia comenzó en 1958, con la inauguración de la Pasteurizadora Potosina, ceremonia que contó con la presencia del entonces presidente de México, Adolfo Ruiz Cortines.
A partir de entonces, la leche producida en San Luis Potosí comenzó a ocupar un lugar en las mesas de numerosas familias.
Décadas después, el recuerdo permanece vivo en redes sociales. En grupos dedicados a rescatar fotografías y relatos de la historia potosina, constantemente aparecen publicaciones de personas que rememoran la marca y comparten sus experiencias.
Entre ellas también están quienes recuerdan las visitas escolares a la pasteurizadora. Los recorridos permitían conocer parte del proceso de producción y envasado y, al finalizar, algunos estudiantes recibían pequeños envases de vidrio con leche recién enfriada.
Pero quizá el recuerdo más recurrente es el sabor.
“No sé cómo explicarlo, pero las leches de hoy me saben a pura agua”, comentan algunos usuarios.
Aunque la marca desapareció hace años, no existe una versión oficial que explique con precisión qué provocó su salida del mercado.
Entre las versiones que circulan se habla de una supuesta venta a la Unión de Ganaderos de Ciudad Juárez, propietaria de Gota Blanca, además de posibles problemas administrativos, decisiones internas o pérdida de competitividad.
Lo que sí permanece es el recuerdo de aquella época: las botellas de vidrio, los repartidores recorriendo las calles, la vaquita de la caja roja y un sabor que todavía forma parte de la memoria de muchos potosinos.