“El 3 de mayo no fue suicidio, fue feminicidio”, dijo Aracely al recordar a su hija Lesvy Berlín, tras la marcha que se realizó dentro de Ciudad Universitaria, desde la Torre de Rectoría hasta el Instituto de Ingeniería de la UNAM, donde hace un año la joven fue hallada sin vida en ese campus.
Frente a la caseta telefónica que, con fotografías, veladoras, flores e incienso, ahora se ha convertido en un altar en Ciudad Universitaria, la madre agradeció a los jóvenes que se solidarizaron con su causa y que junto a padres de otras víctimas marcharon por más de una hora para exigir justicia.
“A partir de ese momento, sin saber su nombre, su edad, si era o no parte de esta comunidad universitaria, un grupo de mujeres jóvenes convocó, llamó a que se pudieran dar cita, hombres y mujeres de la comunidad, para exigir justicia”, agregó, y agradeció a las jóvenes “por no haberse dejado envolver por la indiferencia”. Recordó que hace un año justamente se convocó a la primera manifestación por el “esclarecimiento, la verdad y justicia para una chica cuyo cuerpo sin vida apareció suspendido en esta caseta telefónica”.
Dijo que en ese momento la procuraduría capitalina, que debía de procurar justicia, se encargó de hacer lo contrario, al haber estigmatizado y haber hecho pública la voz del presunto asesino de Lesvy.
“¡Lesvy no ha muerto, Lesvy somos todas!”, fue uno de los gritos más sonados entre el contingente que recorrió las Islas, en Ciudad Universitaria, detrás de Aracely, quien llevaba una manta en la que pedía justicia.
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