Una comunidad de luto y vestida de blanco en demanda de paz y justicia se desbordó para recibir los restos de Norberto Ronquillo y su familia. El joven fue secuestrado hace una semana y aunque su familia pagó rescate, su cadáver fue encontrado en la alcaldía Xochimilco cinco días después.

La mañana del miércoles los meoquenses no tuvieron un día común de trabajo y escuela.

A primera hora se vistieron de blanco y formaron una valla desde la entrada de la ciudad hasta la puerta del templo de San Pablo Apóstol para arropar a Norelia, Beto y Aarón, madre, padre y hermano del joven que volvió a casa en una urna luego de haberse ido a la Ciudad de México a estudiar Mercadotecnia Internacional en la Universidad del Pedregal, carrera de la que estaba por graduarse.

Al grito de “¡Norberto, Norberto!”, las personas que formaban la valla humana se iban sumando al cortejo que llegó hasta la entrada del templo, donde Norelia pudo abrazar a cientos de personas que se congregaron para acompañarla en su duelo.

En un templo abarrotado, donde fue necesaria la intervención de Protección Civil del municipio para desahogar los pasillos, la madre de Norberto sufrió un breve desmayo del cual se recuperó para participar en la celebración litúrgica.

El sacerdote reconoció el temple de la chihuahuense: “Meoqui está de luto. Compartimos su dolor, pero especialmente quisiéramos compartir su fe, su fortaleza y su confianza en Dios. Que tu ejemplo sea de fortaleza para muchas mujeres que han perdido a un hijo”.

Centenas de abrazos de consuelo recibieron Norelia Aarón, quienes permanecieron horas sentados frente a la urna y una fotografía de Norberto que le ha dado la vuelta a México, una imagen en la que el joven parece observarlos a todos sonriendo tranquilamente.

La presidencia municipal de Meoqui colocó un centenar de sillas y una pantalla en el atrio de la iglesia para que quienes desearan acompañar a la familia lo hicieran desde el exterior, toda vez que desde la llegada de los restos, el aforo del templo católico se vio rebasado.

Tiene que valer la pena: maestra Yolanda Nava. Hasta Meoqui, Chihuahua, viajó la maestra Irma Yolanda Nava Borrayo, directora académica de la Universidad del Pedregal para acompañar a la familia del joven y despedir al alumno.

“Ahora somos familia; ustedes tienen una familia allá en la Ciudad de México y yo los tengo a ustedes aquí”, dijo la docente abrazando a las tías de Norberto que se acercaron para agradecer su presencia.

La maestra Nava aseguró que el inmenso dolor por el que atraviesa la familia Ronquillo Hernández “tiene que valer la pena”, pues el resultado debe ser que se escuchen otras voces.

Aunque el secuestro y homicidio de Norberto ocurrió en la Ciudad de México, Chihuahua es una entidad que registra altos índices de inseguridad, tan sólo en la región de Meoqui y Delicias, municipios colindantes, hay 75 hombres y 36 mujeres desaparecidos, según el registro de los últimos 10 años de la Fiscalía General del estado.

De acuerdo con los testimonios de las tías de NorbertoNorelia y familia buscan que el reflector que ha ganado el caso del joven estudiante sirva no sólo para exigir justicia en su caso, sino para dar voz a las personas que tienen hijas o hijos desaparecidos.

Alma, tía de Norberto, agradeció las múltiples muestras de cariño que han recibido desde el momento de la desaparición del joven, hasta este día que volvió a su casa.

Afirmó que se están acercando a ellos familias que han sido víctimas de la inseguridad, por lo que podrían conformar una organización que dé voz a quienes viven en carne propia la desaparición de un ser querido.

Una vez concluida la misa, los meoquenses marcharon exigiendo paz y justicia, a la vez que acompañaban el cortejo en el que Norberto avanzaba a su última morada.

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