El efecto “bola de nieve” es un fenómeno que se observa en diversos contextos y disciplinas, caracterizado por la amplificación o multiplicación progresiva de un factor inicial a medida que interactúa con otros elementos o factores del sistema en el que está inmerso. Este efecto se puede visualizar metafóricamente como una bola de nieve que, al descender de una pendiente, va acumulando más nieve a medida que rueda, aumentando su tamaño y velocidad al ir avanzando.

México ocupa hoy el lugar número uno en el índice 2023 de Crimen Global Organizado. Este (des)honroso lugar, fruto sin duda de décadas de aumento en la violencia y un sinfín de factores más, alcanza la cima del estrepitoso fracaso en materia de seguridad en este sexenio donde se ha abrazado, se ha tolerado y se ha empoderado a las organizaciones criminales.

Los inaceptables ejemplos que ha dado este régimen transformador de aceptar de facto que el narco cogobierne amplios territorios arrodillando a millones de mexicanos son ya parte de una narrativa que se ha salido de control y enmarca, hoy, el banderazo de salida a la madre de todas las batallas electorales y el fin del sexenio.

La cascada de sangre en regiones enteras del país salpica la imagen del presidente López Obrador que lleva semanas desencajado, enojado y se ha vuelto aún más intolerante a la crítica.

Su mañanera no es un derecho de réplica sino un atril desde donde impunemente dispara odio, rencor y frustración mostrando un comportamiento volátil y desproporcionado.

El Ejecutivo muestra señales de un problema subyacente no resuelto.

La consecuencia del péndulo de perder el control del relato del éxito de su transformación para pasar al patíbulo público sobre el presunto financiamiento a sus campañas del cártel favorito, ha sido el disparador del conflicto latente que (man)tiene López Obrador con el mundo a su alrededor y el más allá.

Los episodios de actitudes impulsivas y de actos explosivos intermitentes están ocasionando preocupación en esferas estratégicas del poder y en el rebaño moreno que ve horrorizado crecer la bola de nieve del descontento interno por los escándalos de corrupción y el reparto de candidaturas y así, como diría el clásico; cuando no alcanza el botín, hay motín.

El ánimo del pueblo bueno y sabio exhibe signos de hartazgo de que la transformación no les hizo justicia sino los empujó al abismo de la injusticia. No alcanza la maroma de regalar dinero —que pone en riesgo la viabilidad financiera del próximo gobierno— para paliar la crueldad de haber dejado sin vacunas a millones de niños y sin medicamentos a pacientes con cáncer todo en aras de la austeridad mientras los suyos, en la carroza del palacio del cinismo, se enriquecen cobijados por la banda presidencial.

Y en ese putrefacto contexto la joya del Ejecutivo vociferando enardecido que su autoridad moral está por encima de la ley y que esta transformación continuará seis años más presenta el cuadro kafkiano de la debacle. La realidad cuatroté distorsionada por la manipulación de los datos y enarbolada por la manía de mentir. El engendro que a toda costa quieren sea transexenal.

Por eso hoy que comienzan las campañas y soplan vientos de cambio anunciando la llegada de nuevas oportunidades y peligrosos desafíos por conquistar, la ciudadanía debe mantenerse alerta y atenta.

La historia del presidencialismo fuerte y dominante en México ha dado fe de los peligros y sorpresas del comienzo de la cuenta regresiva y el ejercido por López Obrador no es igual.

Es peor…

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