Liliana Mercado se enfila al punto de penalti, ahí la espera María Martínez, su compañera, la portera de las Tigres.

La lluvia cae para hacer más dramático el momento. El sudor se confunde con la lluvia, las lágrimas de desesperación también. Liliana pisa el punto de penalti, acomoda el balón y no voltea a ver a Claudia Lozoya, portera de Monterrey. Toma poco vuelo, quizá cuatro pasos nada más y corre por su equipo, su familia, su historia, por todas las mujeres que a las que alguna vez las criticaron por patear el balón.

Gol. Gol de título, gol de campeonato. Tigres se le vuelve a hacer a Rayados. Le gana en su casa. Esta vez por penaltis, 4-2.

Como en diciembre pasado el equipo de Monterrey recibió el juego de la gran final en casa. Como en diciembre pasado el rival era Tigres.

Como en diciembre pasado las felinas, como los felinos, se coronaron.

El partido terminó empatado a dos, el global igualado a cuatro.

Todo se definió en penaltis y ahí Liliana Marcado dio el título y se vuelve a reafirmar que si un equipo manda en Monterrey, ese es Tigres.

SIN MAÑANA

Corren como si no hubiera mañana. No le temen a los golpes, a las patadas. Enseñan los tacos, alzan los codos, se gritan ala cara.

Pero también hacen grades recortes, controlan el balón con buena técnica, saben cabecear, saben disparar...

No cabe duda que fue una digna final.

El estadio pletórico fue a ver futbol, no fue a ver géneros. Fue a ver un espectáculo y como tal exigió y pude decirse que salió satisfecho.

Final norteña, rivalidad encarnecida. Desde el silbatazo final se siente en el ambiente. Las de Tigres quieren extender la maldición, el mal de ojo que ha caído sobre el estadio de las ahora Rayadas. Aquí ganaron los hombres, quieren repetir la hazaña.

Explotando los extremos las muchachas de Osvaldo Battocleti se hacen del balón y hacen más daño. La veterana Nayeli Rangel es la que toma la batuta, la que comanda los tiempos, pero la que cambia el esquema es Lizbeth Ovalle. Chaparrita, veloz, de gran potencia física aprovecha que las Rayadas estpan mal paradas.

Toma el balón por la banda derecha, recorta al centro y saca potente derechazo. Gol. Otra vez Tigres, las Tigres se ponen en ventaja. La desesperación llega a las locales. Dessire Monsiváis encara a la portera felina María Martinez por hacer tiempo.

Inicia la segunda parte y Bato quiere hacerle al “Tuca”, comerse minutos, comerse tiempo. Dessire ni tiempo le da, se escapa de la marca y encara a la portera, Dessire cae ¿clavado? El árbitro se lo traga. Penalti, la maldición del equipo varonil. Pero aquí no estaba ni Avilés, ni Dorlan, ni Funes Mori. La central Rebeca Bernal toma la pelota con mucha seguridad y con más aplomola mete a la red.

El juego se empata.

La lluvia aparece, las gotas se confunden con el sudor y con algunas lágrimas, como las de Desiree Monsiváis quien abandona el campo con el hombro lastimado.

Entra Pamela Verdirame, hijo del “Pibe” jugador argentino de los 90 de Monterrey, el estadio la ovaciona pero ignora el ingreso de Katy Martínez de Monterrey, fundamental.

La pelota viene por aire, las Rayadas no se animan a despejar, Nayeli Rangel toma la pelota y la filtra al hueco, donde está Katya quien con suma tranquilidad vence a la portera de Monterrey.

El árbitro asistente levanta el letrero. Da cuatro minutos más de tiempo. El área de Tigres está invadida. Se reclama mano, se reclama lo que sea, las Rayadas están en desventaja.

La lluvia cae sobre el BBVA para hacer más dramático el momento. Héctor Becerra manda a sus huestes a rematar y Norali Armenta le hace caso... Gol de remate con la cabeza en compensación... Todo a los penaltis.

En la primera serie se comienza a definir todo. F alla Rebeca Bernal y anota Nayeli Rangel... Ahí está la diferencia. Las demás anotan, hasta que llega la cuarta tanda.

Norali Armenta la que había dado elñ gol para mandar el juego a penaltis, vuela la pelota y llegó la Mercado.

Sin miedos, sin tensión, fuerte y colocada y así las Tigres son las campeonas.

vkc

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