Pequeños y con una textura que combina una cubierta ligeramente crujiente con un interior suave, los bocoles son uno de esos antojitos que pueden parecer sencillos, pero que concentran en unos cuantos centímetros buena parte de la identidad gastronómica de la Huasteca.

Aunque no son exclusivos de San Luis Potosí y también forman parte de la cocina de otras zonas huastecas de estados como Veracruz, Hidalgo y Tamaulipas, en territorio potosino adquirieron una presencia particular y se convirtieron en un acompañamiento habitual de los platillos regionales.

De acuerdo con información de cocineras tradicionales, su creación se atribuye a las comunidades indígenas de la Huasteca y existe la versión de que la palabra “bocol” proviene del tének bokol, relacionado con un alimento redondo elaborado con maíz.

Una receta sencilla, pero con sabor huasteco

La base del bocol es la masa de maíz, uno de los ingredientes fundamentales de la alimentación mexicana.

A esta se le incorpora manteca, que puede ser de cerdo, res o incluso de origen vegetal, además de sal.

La masa se mezcla hasta obtener una preparación uniforme.

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Después se toman pequeñas porciones y se forman discos gruesos, similares a una gordita, aunque de menor tamaño.

Los bocoles pueden cocinarse directamente sobre un comal o freírse en aceite o manteca.

El secreto está en la cocción: deben quedar suficientemente hechos por dentro, pero conservar una superficie dorada que permita abrirlos para incorporar el relleno.

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Foto: Gemini IA
Foto: Gemini IA

Del frijol al chicharrón: los rellenos cambian según la región

Una de las características que hace atractivos a los bocoles es la variedad de guisos que pueden llevar en su interior.

En San Luis Potosí pueden encontrarse rellenos de queso, frijoles, papas, rajas, chorizo, picadillo, nopales, moronga, chicharrón prensado o huevo preparado con chile colorado.

También existen variantes como los llamados bocoles pintos, elaborados con frijoles negros, y los verdes, que incorporan epazote.

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Por ello, aunque la preparación de la masa mantiene una esencia común, el sabor final puede cambiar considerablemente dependiendo de la comunidad, la cocinera y los ingredientes disponibles.

Bocoles de SLP. Foto: Gemini IA
Bocoles de SLP. Foto: Gemini IA

El acompañante de una comida huasteca

En la Huasteca potosina, el bocol difícilmente se entiende como un alimento aislado.

Forma parte de una mesa en la que también aparecen otros protagonistas de la cocina regional.

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En restaurantes y establecimientos especializados en gastronomía huasteca se sirven junto con cecina, frijoles, enchiladas huastecas, zacahuil, tamales y otros guisos tradicionales.

En Aquismón los bocoles pueden encontrarse rellenos de frijol y acompañados incluso con una taza de atole de ajonjolí.

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En la capital potosina también es posible encontrarlos desde los restaurantes de comida huasteca hasta en establecimientos más pequeños de antojitos.

¿Cuánto cuesta comer bocoles?

El precio depende del lugar, el relleno y de si se adquieren por pieza o como parte de un platillo completo.

Como referencia, un establecimiento de comida huasteca en San Luis Potosí registra actualmente los bocoles rellenos en 29 pesos por pieza, mientras que una orden de tres bocoles sencillos acompañados con cecina y frijoles alcanza alrededor de 199 pesos.

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En otros establecimientos especializados se ofrecen órdenes completas de bocoles rellenos alrededor de los 110 pesos, lo que muestra que el precio puede variar de manera importante según la preparación y el sitio donde se consuman.

En San Luis Potosí, su presencia en mercados, fondas, restaurantes y cocinas familiares se mantiene como uno de los antojitos indispensables para quien busca conocer la Huasteca también a través del paladar.

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