Estos días soleados y de descanso son la combinación perfecta para salir y conocer nuevos sitios con el pretexto de degustar un raspado, típico postre frío y casero que suele venderse sobre mesas improvisadas en las afueras de un hogar, en un puesto ambulante o bien en un establecimiento formal.
En el municipio de Cerritos, localidad ubicada a una hora y media de la capital potosina, es posible encontrar en el Jardín Hidalgo, un puesto semifijo que vende este postre, se trata de “Raspados y Pirulís Manuel”, cuyo ingenio y colores dedicados al sabor y la presentación de su producto, provocan el antojo de niñas, niños y adultos.

Por ejemplo, es posible pedir un “pirulí”, que es hielo envuelto en líneas verdes y rojas de jarabe caramelizado, también se ofrece la tradicional raspa de vainilla amarilla o negra con trozos de plátano.
Por supuesto está el de sabor rompope que en Cerritos se le acompaña con un par de bolitas de nieve napolitano bañadas ligeramente con chocolate.

Tampoco faltan las clásicas raspas de jarabe a base de agua, como la de sabor limón que se adorna con unas rodajas naturales, así como la de garambullo, fruto que emerge de las cactáceas potosinas y es muy benéfica para el cuerpo humano por sus antioxidantes y nutrientes.
Cerritos es un pueblo de micro y pequeños negocios y autoempleo, como sucede en la capital y cada cabecera municipal que compone el estado, estos negocios son un eslabón importante para el impulso económico de una región, del que además viven cientos de mujeres y hombres emprendedores.
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