Y que no se mal entienda el encabezado, no clamo por una afrenta violenta, como las que se han suscitado en pasados días, no hablo de un enemigo acérrimo, no pretendo generar una polémica barata donde se le da más protagonismo a cosas externas y no realmente a los actores de esta historia.

Mayo 9 del 2015, estadio Alfonso Lastras, no fue un día cualquiera, el Atlético San Luis de Raúl Arias jugaba uno de esos partidos que les gusta a la afición potosina, uno de esos partidos donde todo estaba en contra para lograr la hazaña, algo que bien entendemos en San Luis Potosí; el rival Dorados de Culiacán, el gran pez llegaba al partido de vuelta con una pesada ventaja de 3 a cero, pero en el aire se respiraba la esperanza de la remontada y el posible campeonato.

Para mí, era un partido diferente, era un partido que jamás pensé vivir, era mi segundo torneo trabajando para el equipo como activador del medio tiempo y coordinador de “Las Atléticas”, los nervios estaban a flor de piel, las chicas se habían mandado a hacer unos uniformes al estilo cheerleader en azul y oro, yo enfundado en el mismo jersey que había usado desde el inicio del torneo, el estadio era una vorágine iracunda que pedía una heroica remontada, querían coronarse en casa.

Pasó el primer tiempo, fue un suspiro y yo tenía que salir a escena, enfrentar a más de 25 mil personas tensas, frustradas, ansiosas, ya que la parcialidad era de cero por cero y no se veía por donde apareciera el milagro; los protocolos de seguridad eran estrictos pero necesarios, tanto así que toda la planeación de más de una semana que se hizo para la final se fue al carajo, entramos tarde a la cancha, la música no sonó, todo fue una confusión, tuve que correr entre las tribunas para bajar a la cancha y tomar el micrófono para enfrentar al monstruo de las mil caras, ¿cómo mantener el optimismo cuando tú mismo estás mal?, ¿cómo contagiar a una masa de personas a que sigan creyendo cuando el ánimo estaba por los suelos?... Con la consigna de siempre, el show debe continuar.

Terminó el partido, terminó el torneo y con un solitario gol de “El quesos” González, Los Dorados de Culiacán se coronaban en terreno visitante, las porristas estaban inconsolables, mis compañeros de trabajo no podían con su tristeza, todo estaba perdido.

Tres años han pasado desde ese día en que mi vida cambió, el día en el que supe lo que es ser “hincha” del San Luis, el sentir cómo se vive, se sufre y goza con el equipo de la ciudad, en el día que supe que los barristas también tienen un lado humano y no todos son esos vándalos que vemos en la nota de violencia, en el que entendí el término: Esto es así, a lo San Luis.

Nunca lo he escondido, llevo poco tiempo de apoyar en serio al equipo de la ciudad, eso se lo ataño que nunca pensé estar tan cerca del mismo, algo de lo que estaré eternamente agradecido.

Actualmente Atlético de San Luis, me volvió a dar esta oportunidad y que increíble es el destino, ahora pone enfrente otra final de Ascenso MX y todo se conjuntó para que se repitiera ese duelo, San Luis – Dorados; sí, no es el mismo equipo, los colores son otros, el estadio luce diferente, pero lo que no ha cambiado es el sueño, la ambición, la sed de triunfo y como en las películas, el escenario está puesto para una revancha.

Dorados tampoco es el mismo, el gran pez viene “tocado por dios”, Diego Armando Maradona (del cual hablaré en otra columna) se enfrentará a un Atlético que ha estado en un constante vaivén de situaciones complicadas, pero que en este torneo, la mística, el trabajo, el empeño y el corazón los han puesto en la final en contra de “la cenicienta”.

¿Por qué una revancha?, la revancha no es solo para mí, la revancha es para esos aficionados también, esos aficionados que vieron cómo se les fue un título de las manos, esos aficionados que cantaron un gol del milagro de un uruguayo que jamás volvió y que después perdiera una final infumable ante un equipo gris después de ser ellos “la cenicienta del torneo”, para esos aficionados que vivieron la pérdida de su equipo en manos de alguien que ni siquiera es digno mencionar, para esos aficionados que perdieron su equipo por segunda vez así, sin más ni más.

Una revancha para esos aficionados que vieron cómo llegó un nuevo proyecto y se enfrascaron en una guerra civil de colores e ideas, una revancha para los que se quedaron en el pasado, para los que piensan en el futuro, para los que quieren sentir otra vez lo qué es un campeonato en casa.

Una revancha deportiva ante un clásico rival del ascenso, al que mandaste a descender con ese gol del milagro que llevamos tatuado en la pupila y el corazón y que deseamos con todo nuestro ser se repita en esa portería de cabecera norte, en palabras de un amigo: “la portería que nos quiere”.

La revancha para mí, que he estado ahí, viviendo tras bambalinas esta historia, que solo soy una parte minúscula en esta historia, pero en mi ser siento que es lo más increíble que podría vivir; sí, quiero que se le gane a dorados, quiero que den la vuelta, porque ellos se lo merecen, porque este es el lugar que debe tener este equipo, que se ha enfrentado a miles de obstáculos, incluso viniendo desde casa, pero que han sacado ese espíritu aguerrido de un equipo que sabe que esto no se gana con motivación y bailes en el vestidor, que son un equipo, no solo un DT; quiero que San Luis se cobre esa final, quiero que se vayan esos demonios que nos han hecho creer que somos una afición que debe sufrir, que solo puede ganar de último minuto, porque ha quedado claro, los colores no juegan, juegan las ganas, el amor propio, el amor por el futbol.

En esta revancha no somos auriazules ni rojiblancos, en esta final somos San Luis.

Quiero esa revancha personal, quiero volver a salir a la cancha, a jugar mi partido -la activación-, a hacer lo que mejor se hacer… enfrentar a este público con la mejor actitud, con una sonrisa, con las ganas de hacerles sentir que #TodosSomosSanLuis, que en este camino hemos estado #JuntosParaCrecer porque creo fielmente que #VamosAVolver y que cuando #LuchemosJuntos lograremos ese campeonato para así dejar inmortalizada esta noche con mi mejor:

“¡Buenas noches San Luis!”

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