Todo comenzó con una escena que Francisco Olvera Herrera no ha podido olvidar.
Hace años, mientras colaboraba llevando alimentos a espacios de asistencia social en San Luis Potosí, observó a varias mujeres de edad avanzada formadas para recibir comida.
Aquella imagen lo hizo cuestionarse qué estaba haciendo la propia comunidad LGBTIQ+ para apoyar a quienes atravesaban situaciones de vulnerabilidad de su propia comunidad.
Esa inquietud se quedó dando vueltas en su cabeza durante un tiempo.
Por aquellos años, además de trabajar en seguridad pública, organizaba certámenes dirigidos a mujeres trans, personas travestis y jóvenes de la diversidad sexual.
Ahí escuchaba una y otra vez relatos similares: jóvenes expulsados de sus hogares al revelar su orientación sexual, personas que iniciaban su transición y perdían el respaldo familiar, historias marcadas por la discriminación, el rechazo y la falta de oportunidades.
Aquellas experiencias no le resultaban ajenas.
“Yo también lo viví”, recordó.
Francisco Olvera contó que tuvo que enfrentar discriminación por ser un hombre abiertamente gay y que incluso llegó a salir de su hogar debido a su orientación sexual.
Esa experiencia personal le permitió comprender lo que significa quedarse sin una red de apoyo y depender de la solidaridad de otras personas para salir adelante. Fue entonces cuando decidió actuar.
Un refugio para quienes no tienen a dónde ir y junto con amigos cercanos comenzó a construir la idea de un espacio de acogida.
El proyecto tomó forma y finalmente abrió sus puertas el 2 de febrero de 2022.

Así nació Casa Orquídea, una casa de asistencia social que ofrece alojamiento, alimentación, acompañamiento médico, asesoría jurídica y atención psicológica sin costo para personas de la comunidad LGBTIQ+
Ubicada en calle Guadalupe Victoria 330, en la colonia norte en el Centro Histórico de San Luis Potosí.
Entre quienes reciben apoyo se encuentran personas que han sufrido violencia o discriminación, migrantes en situación de desplazamiento forzado, personas trans, adultos mayores y personas que viven con VIH.
Cuando el refugio comenzó operaciones, Olvera pensó que quizá las situaciones de rechazo que había escuchado durante años ya no eran tan frecuentes. La realidad terminó siendo distinta.
Conforme fueron llegando personas al refugio descubrió que las historias de exclusión continuaban repitiéndose y que, además, existían muchas otras formas de vulnerabilidad que permanecían invisibles.
La vulnerabilidad dentro de la vulnerabilidad
Para el fundador de Casa Orquídea, uno de los sectores que enfrenta mayores dificultades es el de las mujeres trans adultas mayores.
Explicó que muchas de ellas crecieron en contextos donde tuvieron pocas oportunidades de estudio o empleo formal, lo que limita sus posibilidades de acceder a una pensión o estabilidad económica al llegar a la vejez.
A ello se suma la soledad.
Olvera considera que muchas personas de la comunidad llegan a la tercera edad sin una red familiar sólida que las acompañe, lo que las coloca en una situación especialmente complicada cuando enfrentan problemas de salud o dependencia.
“Nadie debería llegar al final de su vida en abandono”, sostuvo.
Esa realidad es precisamente la que alimenta uno de sus principales sueños: crear algún día un asilo especializado para personas LGBTIQ+.
Un comedor que alimenta más que el hambre
Además del refugio, Casa Orquídea opera un comedor comunitario.
Aunque inicialmente fue pensado para apoyar a personas de la diversidad sexual, actualmente recibe a cualquier persona que necesite un plato de comida.
Adultos mayores, niñas, niños y familias en situación vulnerable acuden diariamente al lugar.

Explicó Olvera que más de 60 personas son las que reciben alimentos todos los días.
Algunas llegan por necesidad económica.
Otras buscan algo más difícil de conseguir... compañía.
Recordó el caso de una mujer trans que le confesó que acudía al comedor no porque careciera de recursos para alimentarse, sino porque llevaba años comiendo sola después de haber sido rechazada por su familia.
Cuatro años de resistencia
Actualmente siete personas habitan de manera temporal en Casa Orquídea.
Al ingresar, reciben acompañamiento psicológico, apoyo jurídico en caso de necesitarlo y atención relacionada con su salud.
Posteriormente, se les ayuda a buscar empleo para que puedan recuperar autonomía y construir un nuevo proyecto de vida.
Sin embargo, mantener el refugio ha sido una tarea compleja.
Olvera relató que durante años la operación se ha sostenido gracias a aportaciones ciudadanas, donaciones de alimentos y recursos propios.
A finales del año pasado la continuidad del proyecto estuvo en riesgo debido a problemas económicos.

Aunque lograron cubrir algunos meses de renta, la incertidumbre persiste.
A pesar de ello, aseguró que Casa Orquídea continuará funcionando.
“No podemos cerrar los ojos cuando vemos a personas que tienen hambre, que están solas o que necesitan ayuda”, afirmó.
Y aunque nació para atender a una población específica, su fundador insiste en que detrás de cada historia hay algo que trasciende cualquier etiqueta.
“Independientemente de todo, son personas”, concluyó.
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